*En español* An Open Letter to Tsering Kyi from Sang Mota (Sangmo) in Spanish

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Carta abierta de Sang Mota [Sangmo] a Tsering Kyi.

De Sang Mota (Sangmo)

Quiero manifestar que esta carta expresa mi opinión, personal y como mujer tibetana, sobre los recientes comentarios de Tsering Kyi sobre temas de género, y que no representa la opinión de mi empleador.

La escribo después de haberla escuchado y discrepar de sus comentarios vertidos en el panel de debate del mes pasado [julio 2015] con estudiantes tibetanos de la escuela Sogar en Dharamsala [India].


Querida Tsering Kyi:

En el fórum en el que participaste el 13 de julio de 2015, en el tiempo de preguntas y respuestas, un estudiante te preguntó si eras o no feminista.

Tu respuesta fue que no te ves a ti misma como feminista y que no tienes deseo alguno de trabajar en nombre de las mujeres tibetanas.

Por supuesto, tienes todo el derecho de elegir esa postura y reconozco que no todas las mujeres tibetanas son feministas.

Si hubieras acabado en este punto, sin más comentarios, probablemente no estaría escribiendo esta carta; pero, de hecho, no te paraste ahí.

Al contrario, continuaste con la expresión inteligente y retórica demasiado simplificada de lo que es, realmente, un asunto profundamente complejo para la mujer tibetana.

Y así, tu percepción errónea del tema hizo me diera cuenta de que mi respuesta por escrito era necesaria.

Para conseguir una comprensión exhaustiva de la mujer en nuestra sociedad es crítico dar a todos los tibetanos, especialmente a los nacidos fuera de Tíbet, una perspectiva equilibrada de lo que nosotras, las mujeres tibetanas, hemos sufrido, tanto en el pasado como en el presente.

Mi viaje personal como mujer tibetana empezó con 20 años.

Yo como tu, señora Tsering Kyi, me fui a India y residí en Dharamsala durante un par de años. Después me fui a los Estados Unidos donde ahora vivo con mi amado esposo y mi hija.

Parecería que ambas compartimos antecedentes similares.

Profesionalmente soy trabajadora social cuyo trabajo cotidiano supone proveer de un espacio seguro a las traumatizadas, silenciadas y vulnerables victimas/supervivientes de la violencia doméstica, que han sufrido abuso físico y/o agredidas sexualmente.

En las culturas asiáticas, los temas de la violencia doméstica, la agresión sexual y la violación están escondidos; en la sociedad tibetana, tanto dentro como fuera de Tíbet, está mal visto hablar de estos temas fuera de la familia más inmediata.

Por esta razón se toman pocas o ninguna medida penal contra los perpetradores de esos actos violentos contra las mujeres.

Si se acepta tu simplista punto de vista, esto es, que la violencia de genero es simplemente inexistente en la sociedad tibetana, parecería ser el caso que nuestras comunidades tibetanas están libres de violencia cuando, en realidad, esto no puede estar más lejos de la verdad.

Un ejemplo perfecto de esto es la historia de la compañera Kunsang Dolma, una mujer tibetana que recientemente ha escrito su experiencia como superviviente de agresión sexual y violación.

En sus memorias «A hundred thousand white stones» [«Cien mil piedras blancas»] narra los abusos que sufrió, tanto en Tíbet como en el exilio.

Como compañera y mujer tibetana nacida y criada en Tíbet, nuestra ancestral y compartida tierra madre, su libro resonó profundamente en mi.

Conforme cerraba los capítulos finales me hacia una y otra vez una pregunta insistente: la señora Kunsang ¿hubiera tenido el valor y la fortaleza para revelar su historia si su marido hubiera sido un hombre tibetano?

La respuesta es que NO.

Jamyang Kyi, la famosa escritora feminista tibetana que ha publicado varios libros interesantes sobre la mujer en Tíbet, involucrándose personalmente en entrevistas serias y profundamente perspicaces, revela numerosas historias de abusos y violencia domestica en la sociedad tibetana.

Hoy en día, con la moderna tecnología, escuchamos las historias personales directamente de las mujeres tibetanas.

Un tema de actualidad es la alarmante propagación de HIV – SIDA en varias regiones de Tíbet que, en parte, se debe a la falta de recursos y de información sobre salud reproductiva en nuestra conservadora sociedad tibetana.

Las prostitutas tibetanas están siendo forzadas a tener relaciones sexuales sin usar protección y, por tanto, están contrayendo y propagando las enfermedades de transmisión sexual.

En mis viajes a Tíbet me he enterado que allí hay un número creciente de mujeres tibetanas, buenas y valientes, que forman grupos de voluntariado cívico; son médicos, profesoras y escritoras que están afrontado la epidemia de HIV visitando pueblos y zonas rurales nómadas de Tíbet educando a hombres y mujeres en prevención y tratamiento de HIV/SIDA.

También se me contó personalmente que el mayor desafío es llevar a los hombres a que participen en estos talleres educacionales.

Como ves, señora Tsering Kyi, educar a las mujeres de nuestra sociedad es solo parte de la solución, también hay que educar a los hombres.

Aunque de modo autoritario y con descaro manifiestas que en nuestra sociedad no hay problema con el tema de igualdad de genero, la realidad nos dice algo diferente.

De hecho tenemos numerosos obstáculos que afrontar en la lucha que estamos llevando a cabo para lograr la igualdad de género.

Cuando declaras que nos, naturales de Tíbet, no tenemos problemas como mujeres, los hechos dicen poderosamente otra cosa.

Estos obstáculos son tanto políticos como sociales.

Decir a los tibetanos que ahora no es el momento de priorizar los temas de la mujer es, creo, una opinión profundamente desacertada.

Nuestra cultura tibetana actual no anima a su sociedad al debate sobre problemas sociales tales como la violación, la violencia doméstica y la agresión sexual.

Por esa razón es absolutamente vital crear accesos a las redes de recursos y apoyo a las victimas de violencia de género.

Cuando tu, como personaje público, te diriges a quien deseas educar sobre la cultura y la sociedad tibetana, es esencial tomar en consideración todos estos asuntos de actualidad.

Debido al patriarcado profundamente arraigado, históricamente el estatus cultural de la mujer tibetana es considerado inferior al del hombre [al menos en la región de Amdo], porque el hombre es inherentemente más competente que la mujer.

Como niña creciendo en Tíbet, recuerdo cómo mi querida madre que era, como muchas mujeres tibetanas, analfabeta, siempre rezaba para, en su próxima vida, volver como niño.

Además este sentimiento que mi madre acarreó a lo largo de toda su vida fue reforzado y repetido por mis hermanas y por las mujeres del pueblo, que también eran, tristemente, analfabetas.

La realidad perturbadora de su colectivo deseo de renacer como niño me obsesiona hasta el día de hoy.

Para nosotras ahora la pregunta a responder es: ¿Por qué?

Nunca he escuchado a un hombre tibetano rezar para volver en su próxima vida como niña.

El refuerzo cultural de esta problemática disparidad de género se refleja en incontables adagios populares que desprecian a la mujer tibetana.

Los ejemplos incluyen:

– «La niña tiene que ser eficiente en la cocina, y así podrá encontrar un mejor marido.»

– «El futuro de la niña esta en el hogar de su marido.»

– «Los hombres aun no han dicho nada. Las mujeres hablan.»

A través de estos dichos populares tibetanos podemos ver que las niñas tibetanas son entrenadas para permanecer en silencio y obedientes mientras que los niños tibetanos son animados y fortalecidos para ser ruidosos y francos.

Consecuentemente esta tradición, respetada por mucho tiempo, ha forzado a la mujer tibetana a jugar un papel servil respecto al hombre.

Incuestionablemente y durante generaciones nuestras madres, hijas, hermanas han seguido este orden social de dominación machista, rendidas a una vida de deferencia y obediencia al hombre.

Así, señora Tsering Kyi, cuando leo tu charla sobre cómo la mujer tibetana tiene que comportarse, criar a los hijos, sacrificarse por su familia y cuidar de su marido, convenientemente dejas fuera un componente principal de la vida familiar: el hombre tibetano tiene que ayudar a mantener el equilibrio interno del hogar para todos los que lo componen.

Hay un dicho famoso: «Un pájaro no puede volar si tiene una de sus alas herida.»

Opino que esto es aplicable a la sociedad tibetana.

Si estamos verdaderamente comprometidas en el progreso de nuestra sociedad en común y queremos florecer juntos, tenemos que cambiar fundamentalmente el modo de percepción de la mujer tibetana.

Tenemos que soltar las viejas normas nocivas, enmascaradas como «tradiciones», que encadenan a la mujer tibetana a una vida de incuestionable servilismo al hombre.

Hablando de modo práctico: cambiar las normas sociales profundamente arraigadas requiere pequeños pasos.

Hacia esta meta futura hay que empezar valorando tanto el nacimiento de niñas como el de niños.

En nuestra sociedad de hoy la voz de la mujer tiene que ser valorada como la del hombre a todos los niveles de toma de decisión colectiva.

No se puede, de ninguna manera, tolerar o normalizar en absoluto al hombre que golpea a su esposa.

Este concepto básico, el derecho de la mujer a no estar sometida y golpeada, tiene que ejercerse en la estructura familiar y a nivel social.

Tanto física como psicológicamente es muy beneficioso para las niñas escuchar y sentir que son tan amadas y valoradas como los niños.

Este es el tipo de igualdad que toda mujer tibetana anhela, tanto joven como anciana.

En tu charla mencionaste también que merecer igualdad de derechos tiene que depender del talento individual, y las mujeres no deben «luchar» por ello.

El problema con esta lógica es que, si no somos partidarias de que las niñas y mujeres tibetanas se expresen abiertamente y sin miedo, animándolas y fortaleciéndolas, ¿cómo esperas que ejerzan su potencial capacidad y talento?

Históricamente las mujeres siempre han luchado por sus derechos.

El «establishment» [clase social influyente que intenta mantener el orden establecido; grupo dominante en un campo determinado que defiende ideas tradicionales] nunca ha ofrecido derechos a la mujer voluntariamente.

La igualdad no se entrega con gusto.

Por ejemplo, en Estados Unidos, a las mujeres no les estaba permitido votar hasta que su Congreso aprobó en 1920 la 19ª enmienda.

Grupos de mujeres valientes, con talento y dedicación, unieron sus fuerzas y lucharon por el derecho al voto, del que hoy disfruta toda mujer estadounidense.

Y cuando al final lograron esta victoria histórica, la lograron gracias a una dedicación incansable, esfuerzo y SI, lucha.

Te concedo que la palabra «feminismo» es un término relativamente nuevo y un concepto espantoso de oír para algunos tibetanos, especialmente para la generación de los ancianos.

En cierto modo entiendo tu reacción defensiva porque, como en la mayoría de los nuevos movimientos sociales, las fundadoras del feminismo aparecen como «radicales».

En los primeros años del Movimiento Feminista y con el fin de lograr sus metas, las activistas aparecían promoviendo comportamientos anormales.

No obstante, cuando acusas tan duramente a las mujeres tibetanas y feministas de «imitar la cultura occidental», hablas con un despecho innecesario; todo lo que ellas quieren es una vida mejor para todas nosotras, especialmente para las que no tienen voz.

Incluso llegas a afirmar que este movimiento social naciente es, simplemente, un intento de «llamar la atención» para lograr metas individuales, cuando todo lo que se hace es buscar orientación y mantener el diálogo en el intento de salvar las diferencias culturales y generacionales entre nuestra ancestral tierra madre y el exilio.

Entonces te pregunto: ¿dónde están los hechos que justifican tu pensamiento?

Para hacer una declaración así, basada en suposiciones, tienes que proporcionar ejemplos de modo que podamos entender exactamente lo que quieres decir.

Si, el idioma tibetano no tiene un término como «feminismo» y, en este sentido, podemos parecer estar emulando la cultura occidental con su terminología.

No obstante, para la mujer tibetana sería una muy buena cosa emular cómo el feminismo ha beneficiado a las mujeres de todas las culturas.

¿Has visto la reciente entrevista a Su Santidad el Dalái Lama del New York Times?

El mismísimo Dalái Lama ha declarado que se ve a sí mismo como «feminista» y piensa que, con mujeres lideresas, el mundo sería un lugar mucho mejor porque, desde su punto de vista, la mujer es innatamente compasiva e inteligente.

Del mismo modo también Su Santidad Gyalwang Karmapa ha salido en apoyo de la igualdad de género, con audaces reformas de inspiración feminista, incluidas en su libro en el capítulo sobre «género».

Entonces, el modo en el que acusas a las feministas tibetanas, ¿dirías también que ambos, Su Santidad el Dalái Lama y Su Santidad el Karmapa son «imitadores de la cultura occidental»?

Seguro que eres consciente de que la naturaleza humana aprende y evoluciona copiando lo mejor de cada uno.

Históricamente los tibetanos no tenemos «concursos de belleza» y, aun así, tu misma tienes el título de «miss Tíbet»*.

Por tanto tu eres también producto del proceso «imitador» que públicamente desprestigias.

En el futuro espero que no usarás tu tribuna de periodista y miss Tíbet para menospreciar a nuestras mujeres y muchachas jóvenes tibetanas que osan expresarse por una sociedad más justa e igualitaria.

Conozco personalmente, por una vida de compromiso combatiendo la violencia de género, que los que viven en Tíbet, en el exilio, todos están haciendo lo mejor que pueden para mejorar las condiciones de los tibetanos, hombres, mujeres y de todo el mundo en esta familia.

Al tener el simbólico título de «miss Tíbet» tienes el privilegio y la oportunidad de ser embajadora, orientadora y mentora de tus hermanas tibetanas.

Esto es lo que nosotras, mujeres tibetanas, esperamos que seas para nuestras jóvenes muchachas que nos miran buscando apoyo y orientación.


*Crisis en el concurso de «miss Tíbet»

Historia de la BBC publicada el 2 de octubre de 2003.

El concurso de belleza «miss Tíbet» esta en serios problemas.

Solo tiene un año y solo se ha presentado una competidora para el concurso de esta semana.

Es Tsering Kyi, de 20 años.

«La declaramos miss Tíbet» dice el organizador del concurso Losang Wangyal.

No esta claro si tiene un plan de acción alternativo.

¿Por qué tan poco interés?

El señor Wangyal le ha dicho a la BBC que «hay, por parte de los sectores más tradicionales de la sociedad tibetana, una presión enorme sobre las muchachas para que no participen».

El concurso tiene su puesta en escena en Dharamsala, norte de India, residencia del Gobierno Tibetano en el Exilio.

El concurso inaugural del año pasado fue mucho mejor, se registraron 30 mujeres tibetanas.

No obstante hoy solo son cuatro.

Respuesta menguante

Este año los organizadores han recibido solo 10 aplicaciones.

Conforme Tsering Kyi se acostumbra a su nuevo título de «miss Tíbet 2003», el Sr. Wangyal la describe como una «muchacha valiente».

Es estudiante en un cercano monasterio en el pintoresco valle Kangra.

La señora Kyi nació y se crió en el noreste de Tíbet.

Escapó a India con 16 años, después de terminar en el instituto.

De acuerdo con la web de «miss Tíbet» habla chino fluido y ha escrito un libro de poesía en tibetano.

En el instituto ganó varios premios en competiciones de ensayo.

«Ha desafiado a la protesta, intensa y silenciosa, de la comunidad por participar» dice el señor Wangyal.

La ceremonia formal de coronación de la señora Kyi será el 9 de octubre.

Se le obsequiará con un premio de 100.000 rupias [2.000 $].

Los organizadores han realizado desesperados esfuerzos de última hora para persuadir a más muchachas para que participen, pero han fracasado.

Los organizadores y una parte de la comunidad más joven tibetana dicen que el espectáculo de miss Tíbet es otro modo de apoyar la causa tibetana.

Pero Baldev Chauhan de la BBC dice que se han encontrado con la feroz oposición de los budistas tradicionales de la zona.

Argumentan que celebrar concursos de belleza va en contra de la verdadera esencia de la cultura tibetana.

Muchos de ellos están particularmente indignados con la parte en la que las concursantes desfilan en bañador.

Las criticas al concurso incluyen al primer ministro en el exilio profesor Samdhong Rinpoche.

El Dalái Lama, líder espiritual de Tíbet, ha permanecido en silencio sobre este asunto.

Translation credit/traducción de crédito:

Ven. Losang Thubten
Spanish gelong Rafael Enríquez de Salamanca
Nalanda Monastery [FPMT]
Rouzegas
81500 Labastide St.Georges [France]

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