*EN ESPAÑOL* MY FEMINIST LAMA (SPANISH)

Mi Lama Feminista

Por Kaysang

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(Publicado el 26 de junio de 2015)

Hace un par de meses que empecé a ver muchos artículos sobre Gyalwang Karmapa que hablaban de cómo sus enseñanzas se están volviendo cada vez más populares entre la juventud estadounidense por sus ideas, modernas pero enraizadas en el budismo.

Lo que más me impactó de muchos de esos artículos fue que todos se referían a él como «feminista».

Tenía mis dudas, me preguntaba ¿ha dicho realmente todas esas cosas o fueron malinterpretadas sus palabras en la traducción?

La oportunidad perfecta se presentó cuando recibí un correo electrónico del Gyalwang Karmapa Kunkyong Charitable Trust invitándome a solicitar [participar] en las casi tres semanas de «Convivencia con Su Santidad el 17º Gyalwang Karmapa».

Enviada mi solicitud, fui seleccionada para unirme a otras 12 estudiantes como participante en el programa.

Pasamos cinco días conversando y preparando presentaciones sobre una serie de temas sociales en los que poner la atención junto con Gyalwang Karmapa: identidad, discriminación, igualdad de género, fortalecimiento de la mujer, educación, consumo y defensa del consumidor, pobreza, desempleo y suicidio.

Después de cada presentación le hacíamos de 12 a 15 preguntas sobre el tema del día, siendo sus respuestas sobre igualdad de género y fortalecimiento de la mujer, así como su libro “The Heart is Noble” [«El corazón es noble»] la base de lo que entiendo es su punto de vista sobre estos temas.

Sinceramente, tengo la sensación de que nadie como él ha entendido el feminismo y la igualdad de sexos.

Lo masculino y lo femenino

Las historias budistas tienden a resaltar cómo, a través de la evolución humana, los humanos no eran diferenciados como «varón» o «mujer».

Karmapa nos dijo que, en sociedad, la dominación del hombre se debió a su natural ventaja de la fuerza física y que, no obstante, en ésta era de conflicto e interconexión global

«… lo que ahora se necesita no es capacidad de aseverar sino de escuchar… parece claro que se        necesita sentarse a dialogar y no levantarse a luchar.»

Entonces, si verdaderamente vamos a dividir el mundo en binario «masculino» y «femenino», son de hecho las cualidades femeninas las que nuestra sociedad de hoy necesita recibir con los brazos abiertos.

Los ideales de género no son, en términos absolutos, tan inalterables como nos gustaría creer; además en éstos tiempos los cambios nos dicen que el liderazgo de la mujer es una gran contribución a nuestra sociedad.

Violencia contra la mujer

A lo largo de la historia la mujer ha sido siempre el sujeto de violencia y abusos, fuera e incluso dentro de su propio hogar.

A pesar de la noción general de que la sociedad tibetana es mas «pacifica» y «compasiva» que otras sociedades de alrededor del mundo, la realidad de la aparición en nuestra sociedad de escándalos públicos de violencia doméstica, abuso sexual a menores en la escuela y violación demanda una acción inmediata.

Como budistas tenemos que pensar cómo incluso un solo caso de acoso afecta a nuestra sociedad entera.

Para el abusador, la acción de abusar dura cuestión de minutos, pero para la persona abusada es una herida, tanto física como espiritual, que acarrea a todo lo largo de su vida y que influye en todas sus experiencia posteriores.

Entonces, a través de nuestras existentes instituciones religiosas y espirituales, se requiere hallar soluciones a tales problemas sociales teniendo en mente nuestras extraordinarias circunstancias y contexto cultural.

Para la superviviente de violencia sexual es, por supuesto, crucial levantar la voz sobre cualquier clase de abuso que se sufra; la dificultad surge cuando la víctima no quiere aparecer en público por miedo al estigma social o a que se le eche la culpa a ella.

Por tanto, hay que animar a las victimas a que den un paso al frente e impedir que muchísimas otras caigan presas del mismo abuso.

En tales casos no se puede cambiar la mentalidad de todas así que, a resultas habrá, desafortunadamente, algo de tensión y vergüenza.

Pero aquí la clave para el triunfo es la compasión.

Conforme las enseñanzas de Karmapa hay dos tipos de compasión, la orientada hacia dentro y la orientada hacia fuera: la orientada hacia fuera es la que se tiene que sentir hacia los demás y la orientada hacia dentro es la que se tiene por una misma y que es necesaria para, primero y antes de poder ayudar a los demás, liberarse una misma del sufrimiento.

Cuando se tiene valor, también se inspira valor a los demás.

Cuando se está libre de sufrimiento se es capaz de ayudar a los demás a liberarse del sufrimiento.

En el presente, lo que nuestra sociedad necesita es crear el ambiente y la oportunidad para traer a la esfera pública estos temas difíciles, y encontrar soluciones concretas a los problemas que compartimos conforme a nuestra extraordinaria cultura tibetana.

No es suficiente con simplemente establecer sistemas de castigo a los delincuentes porque, como dice Karmapa:

«… mientras persistan las actitudes dañinas, el bienestar de las mujeres seguirá estando en peligro…cuando el problema está arraigado en la forma de pensar habitual de la sociedad, las leyes tendrán un efecto limitado.»

Derechos de la mujer y roles de hombres y mujeres

Gyalwang Karmapa declara en su libro que cuando oyó hablar por primera vez sobre feminismo y derechos de la mujer, no se sintió muy conmovido porque la palabra tibetana para «derechos» inmediatamente evoca imágenes de la lucha de unos para ser mejores que otros, o de uno que gana y los demás que pierden.

Entonces es importante tener en mente que los derechos de la mujer son, de hecho, Derechos Humanos.

Karmapa esclareció este punto clave cuando dijo:

«Quienes trabajan por los derechos de la mujer intentan conseguir, para todas las mujeres, lo que     todos los seres humanos necesitan y merecen.».

La igualdad de género no es un tema de suma cero [situación en la que una parte gana lo que otra pierde]; los derechos de la mujer son un asunto de «respeto a la vida humana y a la libertad» y «reconocimiento de nuestra humanidad compartida y los vínculos humanos básicos que nos unen».

Sencillamente: no tiene nada que ver con despojar a los hombres de algo.

En nuestra sociedad, el típico hombre tibetano es religioso y, por tanto, cree en los principios budistas; pero muchas veces, cuando se trata de la mujer en su vida, fracasa al poner en práctica tales principios.

El Karmapa nos enseña que, en nuestra sociedad, el hombre ha de tener siempre en mente la igualdad de la mujer en su deseo de felicidad, que es verdaderamente más sensible y siente las emociones más intensamente [cita tib. «sherab ki rangshin»] y así tiene que ser respetuoso y considerado.

Los hombres tienen que estar mejor educados en la importancia de trabajar hacia la igualdad de género y poner en práctica esas convicciones; si no creen de verdad en este principio filosófico budista básico, solo crearán más obstáculos al fortalecimiento de la mujer.

La mujer, por su parte, tiene que creer de verdad en su propia valía como mujer y tener claro que involucrarse en acciones de abuso de mujeres compañeras también es un obstáculo grave al movimiento por los derechos de la mujer.

La mujer tibetana, por sí misma, necesita reconocer y creer en su propia valía como mujer y desarrollar sus cualidades compasivas innatas.

Desde este reconocimiento tiene que llegar la eliminación de los celos entre ellas y que, más bien, tienen que apoyarse y estar unidas en el esfuerzo de fortalecer a todas.

Para producir un cambio transformador en las condiciones sociales actuales para la mujer nosotros como sociedad tenemos que asumir una responsabilidad colectiva y actuar para hacer propia esta iniciativa nuestra, más que simplemente esperar a que medios externos creen para nosotros las condiciones.

Lo más importante es que hombres y mujeres tienen que unirse para hacer de la igualdad de sexos una realidad.

El hombre tiene que educarse a sí mismo sobre los derechos de la mujer y asumir una responsabilidad personal de crear para las mujeres oportunidades significativas de contribución a la sociedad en general.

Feminismo tibetano

En el presente y en nuestra sociedad patriarcal en el exilio, los hombres y las mujeres tibetanas no tienen las mismas clases de libertades y oportunidades.

Esta desigualdad existe debido a la creencia profundamente arraigada de que el hombre es superior a la mujer.

Aunque trabajar para reequilibrar esta desigualdad [como feministas estamos activamente involucradas en ello] es hacer éticamente lo correcto, es de algún modo considerado un error por muchos hombres y además un esfuerzo de las mujeres por dominar a los hombres.

El feminismo tibetano necesita ser adecuado y poder atender a la realidad extraordinaria de la cultura y sociedad tibetana.

Tenemos que estudiar la compleja historia del feminismo, incorporar nuestro conocimiento ancestral sagrado, corazón de los valores budistas, y crear un feminismo basado en los principios de la compasión y la interdependencia de hombre y mujer, reconociendo que uno no es más o menos importante que el otro.

Nota de la autora: las citas de este ensayo son declaraciones directas de Su Santidad Gyalwang Karmapa en su libro The Heart is Noble: Changing de World from Inside Out [El corazón es Noble: Cambiar el Mundo de Dentro a Fuera].

Todas las demás opiniones atribuidas al Karmapa son traducción al ingles de las conversaciones que tuvieron lugar a lo largo de la duración del diálogo del Karmapa con la juventud tibetana.

Translation credit/traducción de crédito:

Ven. Losang Thubten
Spanish gelong Rafael Enríquez de Salamanca
Nalanda Monastery [FPMT]
Rouzegas
81500 Labastide St.Georges [France]

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